HIDRATOS
DE CARBONO
Estos
compuestos están formados por carbono, hidrógeno
y oxígeno. Estos dos últimos elementos se encuentran
en los glúcidos en la misma proporción que en
el agua, de ahí su nombre clásico de hidratos
de carbono, aunque su composición y propiedades no corresponde
en absoluto con esta definición.
La
principal función de los glúcidos es aportar energía
al organismo. De todos los nutrientes que se puedan emplear
para obtener energía, los glúcidos son los que
producen una combustión más limpia en nuestras
células y dejan menos residuos en el organismo. De hecho,
el cerebro y el sistema nervioso solamente utilizan glucosa
para obtener energía. De esta manera se evita la presencia
de residuos tóxicos (como el amoniaco, que resulta de
quemar proteínas) en contacto con las delicadas células
del tejido nervioso.
Una
parte muy pequeña de los glúcidos que ingerimos
se emplea en construir moléculas más complejas,
junto con grasas y proteínas, que luego se incorporarán
a nuestros órganos. También utilizamos una porción
de estos carbohidratos para conseguir quemar de una forma más
limpia las proteínas y grasas que se usan como fuente
de energía.
CLASIFICACION DE LOS GLUCIDOS
Desde
un punto de vista estrictamente nutricional, y considerando
sólo los elementos con mayor representación cuantitativa
en nuestra dieta, podemos considerar que hay tres tipos de glúcidos:
Almidones (o féculas): Son
los componentes fundamentales de la dieta del hombre. Están
presentes en los cereales, las legumbres, las patatas, etc.
Son los materiales de reserva energética de los vegetales,
que almacenan en sus tejidos o semillas con objeto de disponer
de energía en los momentos críticos, como el de
la germinación.
Químicamente
pertenecen al grupo de los polisacáridos, que son moléculas
formadas por cadenas lineales o ramificadas de otras moléculas
más pequeñas y que a veces alcanzan un gran tamaño.
Para asimilarlos es necesario partir los enlaces entre sus componentes
fundamentales: los monosacáridos. Esto es lo que se lleva
a cabo en el proceso de la digestión mediante la acción
de enzimas específicos. Los almidones están formados
por el encadenamiento de moléculas de glucosa, y las
enzimas que lo descomponen son llamadas amilasas, que están
presentes en la saliva y los fluidos intestinales. Para poder
digerir los almidones es preciso someterlos a un tratamiento
con calor previo a su ingestión (cocción, tostado,
etc.). El almidón crudo no se digiere y produce diarrea.
El grado de digestibilidad de un almidón depende del
tamaño y de la complejidad de las ramificaciones de las
cadenas de glucosa que lo forman.
Azúcares: Se caracterizan
por su sabor dulce. Pueden ser azúcares sencillos (monosacáridos)
o complejos (disacáridos). Están presentes en
las frutas (fructosa), leche (lactosa), azúcar blanco
(sacarosa), miel (glucosa+fructosa), etc.
Los azúcares simples o monosacáridos: glucosa,
fructosa y galactosa se absorben en el intestino sin necesidad
de digestión previa, por lo que son una fuente muy rápida
de energía. Los azúcares complejos deben ser transformados
en azúcares sencillos para ser asimilados.
El
más común y abundante de los monosacáridos
es la glucosa. Es el principal nutriente de las células
del cuerpo humano a las que llega a través de la sangre.
No suele encontrarse en los alimentos en estado libre, salvo
en la miel y algunas frutas, sino que suele formar parte de
cadenas de almidón o disacáridos.
Entre
los azúcares complejos o disacáridos, destaca
la sacarosa (componente principal del azúcar de caña
o de la remolacha azucarera) que está formada por una
molécula de glucosa y otra de fructosa. Esta unión
se rompe mediante la acción de un enzima llamada sacarasa,
liberándose la glucosa y la fructosa para su asimilación
directa. Otros disacáridos son la maltosa, formada por
dos unidades de glucosa y la lactosa o azúcar de la leche,
formada por una molécula de glucosa y otra de galactosa.
Para separar la lactosa de la leche y poder digerirla en el
intestino es necesaria un enzima llamada lactasa. Normalmente
este enzima está presente sólo durante la lactancia,
por lo que muchas personas tienen problemas para digerir la
leche.
Fibra: Está presente en
las verduras, frutas, frutos secos, cereales integrales y legumbres
enteras. Son moléculas tan complejas y resistentes que
no somos capaces de digerirlas y llegan al intestino grueso
sin asimilarse.
El
componente principal de la fibra que ingerimos con la dieta
es la celulosa. Es un polisacárido formado por largas
hileras de glucosa fuertemente unidas entre sí. Es el
principal material de sostén de las plantas, con el que
forman su esqueleto. Se utiliza para hacer papel. Otros componentes
habituales de la fibra dietética son la hemicelulosa,
la lignina y las sustancias pécticas.
Algunos
tipos de fibra retienen varias veces su peso de agua, por lo
que son la base de una buena movilidad intestinal al aumentar
el volumen y ablandar los residuos intestinales. Debido al efecto
que provoca al retrasar la absorción de los nutrientes,
es indispensable en el tratamiento de la diabetes para evitar
rápidas subidas de glucosa en sangre. También
aporta algo de energía al absorberse los ácidos
grasos que se liberan de su fermentación bajo la acción
de la flora intestinal. Por último, sirve de lastre y
material de limpieza del intestino grueso y delgado.
Al
cocer la fibra vegetal cambia su consistencia y pierde parte
de estas propiedades, por lo que es conveniente ingerir una
parte de los vegetales de la dieta crudos.
Las reservas de glúcidos: el glucógeno
Prácticamente
la totalidad de los glúcidos que consumimos son transformados
en glucosa y absorbidos por el intestino. Posteriormente pasan
al hígado donde son transformados a glucógeno,
que es una sustancia de reserva de energía para ser usada
en los períodos en que no hay glucosa disponible (entre
comidas). Según se va necesitando, el glucógeno
se convierte en glucosa, que pasa a la sangre para ser utilizada
en los diferentes tejidos. También se almacena glucógeno
en los músculos, pero esta reserva de energía
sólo se utiliza para producir energía en el propio
músculo ante situaciones que requieran una rápida
e intensa actividad muscular (situaciones de huida o defensa).
El glucógeno se almacena hasta una cantidad máxima
de unos 100 gr. en el hígado y unos 200 gr. en los músculos.
Si se alcanza este límite, el exceso de glucosa en la
sangre se transforma en grasa y se acumula en el tejido adiposo
como reserva energética a largo plazo. A diferencia de
las grasas, el glucógeno retiene mucha agua y se mantiene
hinchado en el cuerpo. Al consumir el glucógeno, tras
un período de ayuno o ejercicio físico intenso,
también se pierde el agua que retiene -1 kilo aproximadamente
-, por lo que puede parecer que se ha disminuido de peso. Este
agua se recupera en cuanto se vuelve a comer.
Todos
los procesos metabólicos en los que intervienen los glúcidos
están controlados por el sistema nervioso central, que
a través de la insulina retira la glucosa de la sangre
cuando su concentración es muy alta. Existen otras hormonas,
como el glucagón o la adrenalina, que tienen el efecto
contrario. Los diabéticos son personas que, o bien han
perdido la capacidad de segregar insulina, o las células
de sus tejidos no son capaces de reconocerla. Los diabéticos
no pueden utilizar ni retirar la glucosa de la sangre, por lo
que caen fácilmente en estados de desnutrición
celular y están expuestos a múltiples afecciones.
El índice glucémico
Cuando
tomamos cualquier alimento rico en glúcidos, los niveles
de glucosa en sangre se incrementan progresivamente según
se van digiriendo y asimilando los almidones y azúcares
que contienen. La velocidad a la que se digieren y asimilan
los diferentes alimentos depende del tipo de nutrientes que
lo componen, de la cantidad de fibra presente y de la composición
del resto de alimentos presentes en el estómago e intestino
durante la digestión.
Para
valorar estos aspectos de la digestión se ha definido
el índice glucémico de un alimento como la relación
entre el área de la curva de la absorción de 50
gr. de glucosa pura a lo largo del tiempo, con la obtenida al
ingerir la misma cantidad de dicho alimento. Este índice
es de gran importancia para los diabéticos, ya que deben
evitar las subidas rápidas de glucosa en sangre.
En
el apartado dedicado al tratamiento y control de la diabetes
a través de la alimentación, puedes encontrar
la tabla de índices glucémicos de diferentes alimentos.
Necesidades diarias de glúcidos
Los
glúcidos deben aportar el 55 ó 60 por ciento de
las calorías de la dieta. Sería posible vivir
durante meses sin tomar carbohidratos, pero se recomienda una
cantidad mínima de unos 100 gr. diarios, para evitar
una combustión inadecuada de las proteínas y las
grasas (que produce amoniaco y cuerpos cetónicos en la
sangre) y pérdida de proteínas estructurales del
propio cuerpo. La cantidad máxima de glúcidos
que podemos ingerir sólo está limitado por su
valor calórico y nuestras necesidades energéticas,
es decir, por la obesidad que podamos tolerar.